Somos biológicamente vertebrados, y poco originales por cierto.
Paso la piedra y no la recibo..
En la infancia, en los primeros partidos de potrero, del picado en dos paños, en la plaza o en cualquier baldío que existiera en el barrio, se escucharon nombrar cientos de jugadores de todas las épocas, relatos con voces finitas de goles que nunca salieron por la tele, puteadas, mas de una generala y alguna piñata mano a mano, de todo. Eso sí, había y quiero seguir creyendo que hay, poco botija que le guste ir al arco de entrada.
En mi barrio (no es bueno generalizar por eso va mi historia, que seguramente alguno se sienta identificado), el gordito o el que pateaba con los tobillos tenían el uno para los guantes. Eso si, el padre del gordito (que no era nada gil), lo mandaba a jugar a la cuadra con la pelota abajo’el brazo, ergo, muy a pesar de todo el resto, se ganaba el puesto en la cancha.
Nadie decidía así como si nada quienes jugaban con quién, ni si pateaban hacia el lado de la bajada o quien se quedaba con el clavo, o si los arcos se hacían con piedras rayando el pavimento o se dejaban las piedras como palos. Seguramente poco original pero verdaderamente funcional, en mi barrio se “pisaba”. Dos niños se enfrentaban y comenzaban a avanzar hacia el frente midiéndose pasito a pasito, calculando cuando usar el “martillo” (poner un pie perpendicular al otro) dado que solo se podía emplear una sola vez en el total del trayecto, hasta que lograra “pisar” el pie del niño rival. De hecho se trataba de que pisaran los dos mejores jugadores, de manera tal que éstos jueguen en equipos separados y no pierda la gracia el juego.
Los primeros cuatro niños que eran elegidos, sin importar el orden, eran niños que jugaban bien y jugaran para el cuadro que jugaran iban a ser de importancia para sus equipos, hasta quizás podían llegar a transformarse en “populares” por jugar a la pelota. Ya después la piola venía cagada… Es una acción bastante jodida la de mirar a esas cuatro “tolas” restantes, deseosos de ser elegidos… Porque el que elige no se convence y los repasa con su mirada una y otra vez, no haciendo otra cosa que inquietar a los pataduras ya pensando internamente que no quieren quedar últimos, ni mas ni menos, nadie quiere ser el clavo, o lo que es peor.. Nadie quiere ir al arco…Alguna que otra vez algún tarambana se calzaba los guantes sin que le digan ni agua va, para no pasar por la resignación de quedar solito y que se escuche: “ta bien, me quedo con el rengo”, y hasta alguno se encariñó con el arco de tal manera que terminó siendo un buen golero...
Puesto jodido el del golero… Puesto que merece ser homenajeado y premiado con una vértebra en esta, nuestra “columna del Juan”
Es inevitable pensar que es uno de los puestos de mayor importancia en el fútbol, dado que no solo implica el mero hecho de no tenerle miedo a la pelota, o de tirarse como un loquito para cualquier lado, ni ser atajador… Es también ordenar a su equipo, estar calmo, absorber la presión de los demás, transmitir seguridad y además de todo lo dicho y no por ultimo de menor importancia: no morfarse un gol que haga perder un partido a su cuadro.
Suele suceder tanto en primera división como en la esquina de mi casa, que se dan partidos en los cuales uno de los equipos no logra atacar nunca, y la pelota llega muy pocas veces a uno de los arcos, de hecho quien guarda la seguridad del mismo ya aburrido patea piedras, se frota los brazos porque cae la noche y con ella viene el fresco, habla con uno de afuera y cuando quiere acordar, a pesar de no haber tocado la pelota, llega un bochazo y la va a buscar adentro. Puesto ingrato el de golero, no pa’ cualquiera.. mente fría, cabeza aplomada, dos huevos bien puestos y reflejos felinos.
Si bien no siempre sucede de esa forma que algún botija se transforma primero en hombre y después en arquero, no quiero obviar toda la explicación previa de cómo llegaron los botijas de mi barrio a jugar en dicho puesto, y reconocer una vez más que aquel gordito que no supo lo que era tirar un caño, que no quiso quedar ultimo a la hora de ser elegido, que le costó integrarse al resto de los niños por falta de condiciones técnicas, hoy es quien banca a todos los habilidosos “livianitos”, “balderos”, "garquetas pechofrios", para que estos jueguen tranquilos, seguros, y sientan que desde atrás, abajito de los palos le cubren la espalda, a él y a todos sus compañeros.
Para aquel patadura de lentes culo de botella que hoy es un hombre hecho y derecho, dos cervicales y una dorsal… Salú
“"Te largan a la cancha sin preguntarte si querés entrar.
Por si fuera poco, de golero; toda una vida tapando agujeros.
Y si en una de esas salís bueno, se tiran al suelo y te cobran penal"